Yo -mirándote de soslayo- me acerqué tanto a ti como las "normas" lo permitían. Mis palabras, mis preguntas, mis frases cortantes -tontas-, todas mis simplezas se lanzan al aire como si nada las detuviera. Es tu aroma el que me impacta, el que me retiene más tiempo porque el propio tiempo se torna nada y mi deseo se engrandece.
Solamente quería olerte, respirarte, mirarte hasta aborrecerte. Y nunca lo haría, amor, nunca lo haría -aborrecerte, digo-. Jamás me cansaría de ti porque eres tan tú, sí, tan tú mismo que... no sé cómo seguir. Es que no sé cómo decírtelo, que ya no sé... y me da coraje tener que callar porque yo soy mujer de no callar nunca -nunca de ahora-. Antes lo hacía pero ahora es distinto, todo es diferente porque te conocí y desde el momento en que fui consciente de mis sentimientos hacia ti, supe que mi voz debía estar con la tuya, que mi felicidad estaba junto a ti.
Me alejo, vuelvo a acercarme. Ruidos irrumpen mi silencio, mis manos tiemblan, mi voz se quiebra y mis ojos me abandonan para posarse en tu imagen.
HOY: La manzana reineta era tu símbolo.
SIEMPRE: Mi alma es la que te ama.
SIEMPRE: Mi alma es la que te ama.