sábado, 1 de marzo de 2008

Memoria

Querida persona:

Soy el todo, soy la nada, tu mejor amigo y tu peor enemigo, lo más importante y lo más insignificante… Soy la vida, soy la muerte… Soy aquello que siempre quise ser y lo que nunca fui. Soy tú, soy tu hermana, el primo de del vecino de al lado, tu profesor de ciencias, ese gato, tu novia… Soy quienquiera que quieras que sea.

También puedo ser un remoto recuerdo y un lúcido olvido. Y es que los recuerdos, esos que marcan nuestra vida, están allí donde se necesiten (y donde no). Porque un recuerdo es algo tan bello y cruel al mismo tiempo, que uno no sabe valorar el significado de esa evocación.

Un recuerdo, un recuerdo… ¿Qué es lo que provoca un recuerdo? Una sensación de… ¿desconcierto? ¿seguridad? Todos recordamos y olvidamos cosas. Y las cosas que olvidamos pueden ser tan importantes como las cosas que recordamos.
Los recuerdos dan constancia de nuestra existencia o de lo que nosotros podemos llamar existencia. Cosa que olvidas, cosa que no puedes recordar: lógico.

Da mucho coraje olvidar algo importante como, por ejemplo, el amor. En esos momentos tan intensos que vives con tu pareja te paras a pensar y piensas, piensas… Y te dices a ti mismo que jamás olvidarás ese instante, ese sentimiento, pero pasa el tiempo, sí, desgraciadamente pasa el tiempo, y te olvidas de lo vivido. Después ese olvido se te queda grabado en la nostalgia… y recuerdas el olvido.

Olvido… eso es lo peor de todo. “No me olvides”, solemos decir. Si nos parásemos a pensar un momento, cuando decimos esta frase, lo hacemos por miedo a que una o varias personas determinadas olviden parte de nuestra existencia, nuestras vivencias o experiencias. ¿Hay seguridad de que nos recuerden? No. ¿Hay seguridad de algo? Lo dudo mucho. Pero no importa, debemos seguir adelante si queremos vivir felices.
Es que somos tantas personas, hay tantas caras por recordar que nuestra memoria “escoge” a las personas más importantes: las de nuestro alrededor.
Y es que como dijo alguien: “Somos muchos y no tenemos la culpa de ser tantos”


Deberíamos apreciar los recuerdos, la memoria, como se merece. Por muy insignificante que parezca, debemos valorar cualquier cosa, aunque sea pequeña o enorme, como la memoria o un recuerdo.

Y, como dice la canción: “El huracán Olvido es el peor. Lo tira todo a su paso, no deja nada en pie”. No lo olvidéis.

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