Me quedé apoyada en la pared pensando en que hay noches que no deberían terminar nunca y días que no tendrían porqué comenzar sin antes finalizar el anterior con un beso de despedida o una frase esperanzadora.
Podría haberme dado la vuelta, retroceder -o seguir, según se mire- y actuar tal y como estaba deseando. Sin embargo, así estuve todo el tiempo, viendo pasar a este mismo, contemplándolo desvanecerse sin piedad alguna.