Me hallaba rodeada de personas que admiraban mi pesar a pesar del pesado peso que controlaba la realidad. Y yo, entre tanta alegría, pude observar esa extraña y sorprendente sonrisa que permaneció intacta -por un simple momento- a través de la distancia y el tiempo. Al principio, no comprendí cómo era que él sonreía tanto... ¿cómo? Si siempre andaba serio, perturbado, por extraños pensamientos y chistes que no hacen gracia... y dichas... extrañas, todo extraño. Aunque, luego, entendí que no sólo era eso y que tampoco se valía de su simple autoridad: es una persona y, por ello, sonríe.
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