Se me revuelve el alma cada vez que pasas frente a mí. Tu presencia me resulta amarga, tus ojos no me parecen sinceros pero los míos se sinceran ante tu persona. Me resulta incómodo mirarte porque en mi mirada aún hay amor y eso es algo que hace tiempo que debió haber desaparecido.
Se desvanecen mis ganas de vivir mientras otras ilusiones entran por la ventana y este amor mío pretende salir por la chimenea. La puerta está cerrada, tiene la llave echada y cientos de candados que impiden su apertura. Es una puerta blindada, me costó muy cara, me resultó difícil de conseguir. ¿Y para qué tanta seguridad en la puerta si las ventanas están abiertas, la chimenea a la vista? ¿Para qué, si mi casa está en ruinas?
